Una licencia vigente acredita que la persona está habilitada para conducir cierta clase de vehículo. No confirma que esté en condiciones de iniciar cada viaje. La falta de sueño, una jornada exigente, el trabajo nocturno, el calor, la monotonía y algunos medicamentos pueden reducir la atención antes de que exista una infracción o un siniestro.
La gestión de flotas necesita un protocolo que permita frenar una salida, recibir un aviso durante el recorrido y decidir un relevo sin empujar al conductor a ocultar el cansancio.
Qué debe cubrir un protocolo de fatiga
La Agencia Nacional de Seguridad Vial explica que la fatiga afecta el tiempo de reacción, la vigilancia, la atención y el procesamiento de información. También distingue la somnolencia como una disminución de la vigilia que puede aparecer por sueño insuficiente, horarios críticos o ciertos medicamentos.
Sobre esa base, el procedimiento interno debería abarcar cuatro momentos:
- planificación del turno y del recorrido;
- declaración del conductor antes de salir;
- actuación ante síntomas durante el viaje;
- liberación para volver a conducir.
El control integra la prevención laboral exigida por la Ley 19.587 de Higiene y Seguridad en el Trabajo. Debe coordinarse con el servicio de higiene y seguridad, medicina laboral y la ART según el tipo de operación.
Señales que requieren detener la conducción
El protocolo tiene que nombrar señales observables. Bostezos repetidos, dificultad para mantener los ojos abiertos, pérdida de concentración, correcciones bruscas de trayectoria, olvido de los últimos kilómetros o una alerta del sistema de asistencia justifican una parada segura y una comunicación a operaciones.
Una alerta telemática sirve como dato adicional. La ausencia de alerta no prueba que la persona esté descansada, y el conductor debe poder informar síntomas aunque el vehículo no tenga sensores.
La orden operativa debe ser inequívoca: ante somnolencia o pérdida de atención, se busca un lugar seguro para detenerse y se avisa. El equipo de despacho no debería pedir que se continúe hasta “el próximo punto” sin evaluar distancia, condiciones de la vía y capacidad real de la persona.
Control antes del despacho
Antes de asignar la unidad conviene registrar una declaración breve. El conductor puede informar si durmió de manera insuficiente, si viene de otra tarea, si presenta somnolencia o si tomó un medicamento con advertencias para conducir. El formulario no necesita pedir diagnósticos ni historias clínicas.
Despacho debe cruzar esa declaración con datos que ya posee: horario del turno anterior, cambios de base, espera en carga o descarga, conducción nocturna, relevo previsto y contingencias del recorrido. Si aparece una condición de riesgo, el responsable definido por la empresa decide entre reprogramar, relevar o derivar la evaluación a salud laboral.
La guía de licencias profesionales cubre clase, vigencia y aptitud psicofísica formal. El chequeo de fatiga responde otra pregunta: si esa persona puede asumir el viaje asignado en ese momento.
Qué hacer durante el recorrido
El conductor necesita un canal disponible durante todo el servicio. El aviso debería registrar unidad, ubicación aproximada, síntoma informado, condición de la carga o de los pasajeros y lugar elegido para detenerse. Las emergencias se atienden por los canales correspondientes; el registro interno viene después de proteger a las personas.
Operaciones puede resolver:
- descanso en un lugar seguro, con nueva evaluación antes de retomar;
- cambio de conductor en una posta autorizada;
- resguardo del vehículo y la carga;
- reprogramación o cancelación del servicio;
- consulta médica cuando los síntomas lo requieran.
Un café, abrir la ventanilla o subir el volumen de la radio no son criterios de liberación. La ANSV recomienda detenerse, descansar, hidratarse, evitar comidas abundantes y cuidar la salud del sueño. La empresa debe traducir esas pautas en decisiones y responsables, sin presentar un truco momentáneo como reemplazo del descanso.
Cómo autorizar la vuelta a la conducción
El protocolo debe identificar quién puede cerrar el bloqueo. La decisión no debería quedar en manos de la misma persona que presiona por cumplir el horario. Según la gravedad y la repetición, puede intervenir un supervisor, higiene y seguridad o medicina laboral.
Para liberar al conductor hay que dejar constancia del motivo de la detención, la medida adoptada y la evaluación usada. Si los episodios se repiten, corresponde revisar turnos, recorridos, tiempos de espera y condiciones de trabajo. Un curso de manejo no corrige una programación que genera fatiga de forma previsible.
La Ley 24.557 de Riesgos del Trabajo coloca la prevención entre los objetivos del sistema. El registro permite mostrar qué riesgo se detectó y qué medida tomó la empresa, pero no reemplaza la investigación de las causas.
Datos mínimos y acceso
El legajo operativo puede guardar fecha, turno, unidad, aviso, decisión, responsable y cierre. Los datos clínicos deben quedar bajo custodia del área que corresponda y con acceso limitado. Despacho necesita conocer la habilitación o restricción, no el detalle de un tratamiento.
Un evento de fatiga bloquea la asignación igual que un defecto técnico o un documento vencido. La unidad y el conductor se liberan por separado: cambiar de chofer puede resolver el viaje aunque la persona siga fuera de servicio.
La revisión periódica debería buscar recurrencias por turno, ruta, cliente, base y tiempo de espera. Ese análisis permite corregir la programación antes de que el próximo aviso ocurra en movimiento.
En servicios de pasajeros alcanzados por reglas específicas, el protocolo debe aplicarse junto con la jornada, los descansos y los registros obligatorios del conductor. Una evaluación de fatiga no amplía las horas permitidas ni sustituye un relevo exigible.